Bathin no nació como una entidad estática. En la dimensión pura de la energía (el Plano Gamma), la mayoría de las fuerzas buscan quedarse quietas cuando encuentran estabilidad. Bathin, en cambio, surgió como una frecuencia única: una energía que solo conserva su identidad mientras se desplaza.
Imagínalo como un trazo de luz que avanza sin repetirse nunca, pero que en cada centímetro que avanza guarda el eco exacto de todo el camino anterior. Bathin no posee un conocimiento teórico o mental; su sabiduría es física y energética. Él no sabe porque haya estudiado: sabe porque lo ha recorrido. Su propio ser es el archivo viviente de cada superficie y plano que ha tocado.
Cuando las leyes físicas de nuestra realidad (el Plano Alpha) intentaron dar una forma compacta a esta energía en movimiento, la mente humana lo tradujo en una iconografía muy simbólica:
[Sello Tradicional de Bathin]
Una espiral trenzada sobre un eje quebrado.
Representa las rutas que se superponen unas sobre
otras y el movimiento que nunca se detiene.
Los grimorios antiguos le adjudican el poder de enseñar las virtudes de las plantas y las piedras, encontrar tesoros y teletransportar a los hombres instantáneamente de un país a otro. En su sentido real, sus capacidades son:
En el sistema de Mergómenes, Bathin representa el principio de que el cuerpo tiene su propia memoria. Su energía se activa en esos momentos donde un lugar físico nos conmueve profundamente sin saber por qué, o cuando un camino recorrido se nos graba a fuego en el alma.
Bathin no es un guía para encontrar una dirección en un mapa de papel; su fuerza se hace presente para ayudarnos a recordar lo que nuestro cuerpo ya sabe, pero nuestra mente ha olvidado. Él nos recuerda que somos el resultado de cada paso que hemos dado y de cada lugar que hemos habitado.