Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalén de 18 a.C a 36/37 d.C.
José, conocido como Caifás, ocupó el sumo sacerdocio del Templo de Jerusalén durante cerca de dieciocho años, un mandato extraordinariamente largo para la época que revela su habilidad para sostenerse bajo la sucesión de prefectos romanos, entre ellos Poncio Pilato. Yerno de Anás, sumo sacerdote antes que él y figura que conservó una influencia informal considerable incluso después de su cese, Caifás heredó de su suegro una red de poder que combinaba la autoridad religiosa del Templo con una posición política imprescindible frente a Roma.
Su autoridad no era carismática, sino estructural: no necesitaba dirigir a la multitud, porque dirigía los hilos de quienes creían tener el control. Bajo su gestión, el Templo funcionaba como una maquinaria perfecta y lucrativa, sostenida por el tributo sagrado —pagadero únicamente en moneda de Tiro— y por el trasiego de los cambistas apostados en el Patio de los Gentiles. Fue precisamente ese sistema el que Jesús de Nazaret desafió al volcar las mesas de los cambistas, un gesto que Caifás y el resto del Sanedrín interpretaron como una amenaza directa al equilibrio que sostenía la ciudad.
Caifás encabezó el proceso religioso contra Jesús y su remisión a Poncio Pilato, convencido de que la muerte de un solo hombre era preferible al riesgo de una intervención romana masiva sobre el pueblo. Poco después de la destitución de Pilato, el mismo legado de Siria, Lucio Vitelio, lo depuso también a él, poniendo fin a casi dos décadas de poder ininterrumpido. Pasó sus últimos años apartado de toda influencia política, mientras crecía a su alrededor el rumor de que la sangre de aquel al que había entregado había caído, en efecto, sobre su propia casa.
Yerno de Anás (sumo sacerdote 6-15 d. C.)